Política de Prevención de Riesgos Psicosociales de Sikanda

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En seguimiento a la la NOM-035-STPS-2018, la Política de Prevención de riesgos psicosociales de SiKanda tiene el objetivo de promover el bienestar integral de las personas que conforman el equipo de trabajo de Sikanda, y un entorno organizacional favorable y saludable, a través de  la prevención de riesgos psicosociales y de la violencia laboral. Dicho compromiso surge del entendimiento de que el personal que trabaja en la organización es el elemento más valioso y fundamental para el avance de la misión de la misma. Igualmente, se subraya la búsqueda de la congruencia entre lo que SiKanda promueve hacia el exterior en materia de derechos humanos, cambio y justicia social, con generar un espacio laboral que mantenga los mismos valores hacia el interior. 

Como organización, en SiKanda reconocemos que quienes trabajamos en la defensa de derechos humanos pacedemos altos niveles de estrés derivados de “un contexto de autoritarismo, discriminación y desigualdad” (Frontline Defenders, 2022). Igualmente, nos enfrentamos a expectativas y responsabilidades que nutren la idea de que las personas en esta línea de trabajo debemos estar disponibles todo el tiempo, sacrificar espacios personales, y dedicarlo todo a la causa, lo que deriva en dificultades para establecer límites, y sentimientos de culpa al dedicar tiempo al descanso y la vida personal. De ahí que esta política incorpore también las perspectivas de autocuidado y cuidado colectivo, donde se reconocen las responsabilidades individuales, institucionales y colectivas que promuevan el bienestar integral, en beneficio de las personas, de la organización, de su misión, y de la sustentabilidad en el tiempo de los procesos de transformación social. 

SiKanda reconoce que las personas que colaboran en la organización realizan una labor vinculada con la defensa de los derechos humanos. Las personas defensoras se enfrentan a un fuerte desgaste físico, emocional y espiritual, derivado de la naturaleza de su trabajo. La organización Consorcio Oaxaca y la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos, identifican que dicho desgaste se debe, entre otras razones, a:

  •   La situación de violencia estructural, que se expresa en altos niveles de desigualdad, la criminalización de la protesta social, los feminicidios, las desapariciones.  
  •     Las amenazas y agresiones hacia las personas defensoras.
  •    El hecho de que las mujeres que defienden derechos humanos no se reconozcan como defensoras, lo que las aísla incrementando los riesgos.
  • El no contar con herramientas de preparación emocional integrales para lo que implica la defensoría de DDHH. 
  •   La gravedad de las violencias presentes en la vida y el contexto social y de trabajo de las personas defensoras. 
  •   La vigencia de una cultura del activismo social que pondera como valores éticos el sacrificio y la entrega sin equilibrio, con lo cual se invisibilizan los impactos psicoemocionales, dejando su atención al ámbito individual.
  • La precariedad laboral que enfrentan las personas defensoras. 

En particular, las mujeres defensoras enfrentan:

  •   La violencia que se vive por el hecho de ser mujeres en el ámbito público, privado y laboral, lo que tiene un fuerte impacto en la autoestima.
  • La discriminación de género que vulnera la capacidad para reconocer riesgos, limita la toma de decisiones sobre nuestra seguridad y reduce las reyes de apoyo, genera una sobrecarga de labores de cuidado. 
  •  Las precarias medidas de autocuidado en las organizaciones y movimientos que quedan subordinadas ante un estilo de activismo que reproduce el rol impuesto por la cultura patriarcal: “madres de todo el mundo, pero huérfanas de nosotras mismas”.

 

Lo anterior genera que el personal de las organizaciones, en particular de campo, y quienes realizan trabajo de defensoría de D.D.H.H., sean particularmente vulnerables al trauma vicario o la llamada “fatiga por compasión”. La naturaleza del trabajo de SiKanda con relación a la defensa de los derechos humanos, combate a la pobreza, prevención de violencia, promoción de la justicia social, entre otras áreas, es por naturaleza un factor de riesgo psicosocial, al desarrollarse en un contexto adverso y de violencia e injusticia estructural. 

 

Las activistas y defensoras de derechos humanos vivimos y ejercemos nuestra labor en contextos de violencia estructural y patriarcal que implica enfrentar cotidianamente un alto riesgo para nuestra seguridad, bienestar y en ocasiones hasta nuestra vida. Esta realidad nos impone una dinámica colectiva extenuante, elevados niveles de estrés y afectaciones para nuestra salud física, mental, emocional, energética y espiritual. Atender y contrarrestar las afectaciones, manejar y descargar las emociones sin reprimirlas ni dañarnos, sanar las heridas y prevenir desgastes, forma parte de la protección integral de las defensoras y activistas. A nivel individual y colectivo es necesario generar hábitos de cuidado y autocuidado así como acuerdos dentro de nuestras organizaciones que nos permitan sentirnos acompañadas, protegidas, escuchadas y saludables.
– Consorcio, Compendio de herramientas de autocuidado y sanación, 2020.

 

Como lo establece en su Política, SiKanda se propone poner el acento en la prevención de riesgos psicosociales. A su vez, los procesos de atención a los mismos se centran en los conceptos de autocuidado y cuidado colectivos, entendidos éstos como:

Autocuidado: “una herramienta política que permite mantener no solo el activismo como motor de transformación social, sino la vida y salud física, mental y emocional” . El autocuidado es cualquier actividad realizada intencionalmente para cuidarnos espiritual, mental, física o emocionalmente. Puede incluir actividad física, oración, música, narración de cuentos, descanso o cualquier otra práctica que involucre tanto la mente como el cuerpo. Se trata de encontrar lo que nos nutre y aumentar nuestra resiliencia al participar en comportamientos que nos ayuden a sentirnos más seguras, seguros, y equilibradas, limitando lo que nos quita energía. También se trata de disminuir la probabilidad de que dirijamos nuestras experiencias de estrés o trauma hacia otras personas de manera dañina. Para la mayoría, el cuidado personal requiere cambios en nuestras prácticas y hábitos. Se obtiene el mayor beneficio de practicar el autocuidado continuamente con el tiempo, y abandonar los hábitos nocivos. El cuidado personal no se trata de aislarnos e ignorar a nuestros colegas, familias o trabajo, o evitar situaciones desafiantes.

“El autocuidado es un acto radical…No es algo que deberíamos tratar como una idea de último momento (…)Creo que desde un principio decía que, como mujer, necesito estar alineada en mi cuerpo, mi mente y mi alma para así poder estar presente de una manera saludable y no volverme tóxica para mis hijos, mi esposo, mis amigas, mi familia, para el trabajo al que voy todos los días. Para mí es algo que debería priorizarse (…) Debería convertirse en una guerra, de vida o muerte. Porque si no es así, vamos a perdernos a nosotras mismas y al final vamos a fisurar nuestro movimiento, vamos a fisurar nuestro proceso organizativo, no vamos a movernos hacia ningún lado. Nos habremos perdido a nosotras mismas tratando de trabajar, trabajar, trabajar y no cuidado de los cuerpos, las mentes, las almas y de las comunidades que hacen el trabajo.”
– Grace Ruvimbo, activista Zimbabue, en “¿Cómo enraizarnos en el cuidado y bailar la revolución?”

 

 

Cuidado colectivo: “el sentido político del autocuidado sólo puede ser posible en la dimensión colectiva, en la reflexión y acción que nos permite aprender a sentirnos en compañía, en resistencia y transformar desde la pertenencia a algo más que una/o/e misma/o/e”. implica cuidar de nosotras y nosotros, mientras apoyamos intencionalmente el cuidado de nuestros colegas, amigos, familia y comunidades. Reconoce la responsabilidad compartida que todas y todos tenemos de garantizar el bienestar en nuestras organizaciones, y eso incluye el autocuidado. El cuidado colectivo mejora la forma en que nos relacionamos entre sí, disminuye los sentimientos de aislamiento y aumenta el poder colectivo y la solidaridad. Puede incluir prácticas como un grupo informal de pares con ideas afines, generar espacios para conectar a nivel personal con colegas, crear rituales colectivos, celebrar logros del equipo, tomar tiempo para reflexionar sobre nuestro trabajo, entre otras. Se puede influir en crear una cultura organizacional de cuidado al participar en estas actividades, de forma regular y sostenida. Es importante que las actividades resuenen con el equipo, y que se apoyen activamente desde las Coordinaciones y Direcciones. 

 

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